27 junio 2006

¡No es sólo un partido de fútbol!

Hoy es uno de esos días que uno se levanta con la sensación de que algo importante puede pasar. La selección española ha conseguido en tan sólo tres partidos, que el pueblo español se lance a las calles o se junte ante los televisores con un único objetivo y un único aliento, en busca de la gloria deportiva. Nunca tan poco hizo tanto. Nunca tan "justas" victorias ante tan"mediocres" rivales habían conseguido levantar la pasión de un pueblo, de un país, que busca alcanzar la cima futbolística, y que necesita mantener la ilusión para mantenerse unido.Es curioso que el deporte de la pelota, ese deporte en el que a todos nos gustaría haber tenido nuestro reconocimiento y en el que todos tenemos nuestra opinión, sobre estrategia, táctica y equipo ideal, sea capaz de mantener a un pueblo unido en busca de un objetivo.Muchas veces he pensado que el fútbol es una forma "civilizada" al menos casi siempre, de luchar por la hegemonía de los nuestros, a semejanza de los numerosos ejemplos que la historia nos ha obsequiado de luchas por el poder. Cuando nuestro equipo gana, nos sentimos triunfantes y vamos al trabajo con el orgullo del deber cumplido, sacando pecho y luciendo éxito. Cuando es al revés y nuestro equipo pierde con el que consideramos nuestro eterno rival, la vida amanece de otro color y nuestro estado de ánimo es negativo, influyendo en el trabajo, y pasamos el día dándole vueltas a aquél gol que no debió ser o a aquella jugada que pudo haber sido. Pero cuando se trata del equipo nacional, en nuestro trabajo, en el supermercado, en la gasolinera y en el puesto de periódicos, todos somos cómplices, todos nos miramos deseándonos suerte y apostamos el marcador que seremos capaces de conseguir. Las únicas discrepancias surgen para resaltar a los que deberían jugar, pero el objetivo es el mismo y la ilusión es la suma de todas y cada una de las ilusiones individuales.Es el orgullo de nuestro país por el que apostamos, y tanto mas importante es la apuesta cuanto mayor sea la potencia futbolística de nuestro rival. Soñamos con la victoria y durante los noventa minutos que dura "la pelea", todos y cada uno de nosotros corremos dentro del alma de nuestros jugadores intentando llegar a ese balón imposible. Todos y cada uno de nosotros rematamos esa volea a media altura que ... pasa rozando el larguero,. Y cuando el balón,al fin, traspasa la línea de meta de nuestro rivales, todos y cada uno de nosotros saltamos, gritamos y nos abrazamos alcanzándo la felicidad suprema y el orgullo de sentirnos parte importante en la victoria.. Cuando llega la derrota por el contrario, el mundo se abre bajo nuestros píes, la tierra se resquebraja y las lágrimas afloran como signo de impotencia, como signo de desilusión sintiéndonos abandonados por la diosa fortuna y rotos en el alma. Hoy España juega contra una potencia, que siempre ha sido nuestra rival, con un equipo al que tenemos ganas, con una selección a la que nuestros sentimientos nos exigen derrotar.. Aparentemente es sólo un partido de fútbol, y el azar debería formar parte del juego, y podrá influir en que el balón entre en uno u otro lado, pero la realidad es que todo un país, con sus problemas y alegrías,con sus virtudes y sus miserias, con sus dificultades y esperanzas tendrá el alma en vilo y empujará a los jugadores en busca de la victoria. Si lo consegiuimos,mañana sólo hablaremos de lo que es y de donde llegaremos, en caso contrario las caras aparecerán tristes mostrando lo que pudo ser y no llegó, desapareciendo esa magia colectiva de solidaridad que nos mantuvo unidos y sintiéndonos profundamente españoles. A los jugadores les pedimos la entrega que nosotros pondríamos sobre el terrenode juego, la fe que mueve nuestros corazones, la ilusión que nos mantiene esperanzados y... el orgullo que sentimos por defender nuestro país. Aparentemente es un juego, pero la realidad es que todos nos jugamos mucho mas que un partido, nos jugamos nuestras ilusiones y nuestro orgullo.