Raúl, el ilustre capitán de mil batallas tanto en la selección como en el R Madrid, el otrora definido Ferrari del fútbol español no atraviesa su mejor momento y eso es algo que todo el mundo puede constatar.
Raúl, ha sido durante mas de diez años el único bastión al que se agarraba el fútbol nacional, del que se decía que era el único jugador competitivo que teníamos y ha sido siempre generoso en la entrega y en la pelea, sin escatimar esfuerzos y poniendo el alma y el corazón en cada jugada. Nunca ha engañado a nadie. Su poder, era su afán de superación sus ganas y su corazón, unidas a su espíritu competitivo. Ha peleado cada balón, cada encuentro, cada jugada, cada torneo, como si fueran el último y el mas importante y siempre dando todo lo que tenía, con una gran regularidad y sin lesiones
Esto ha supuesto un desgaste físico y mental importante. Raúl volvió a dar una nueva lección a todos sus seguidores y ahora detractores, trabajando en silencio, duramente, noche y día, con sol y lluvia, con frío y calor, evitando el quirófano para recuperarse antes y todo ello asumiendo importantes riesgos, pero él sólo tenía un objetivo... recuperarse de su grave lesión, que le apartó tres meses de la competición y ...llegar al Mundial, llegar a su Mundial, ya que no en vano él es uno de los jugadores que mas siente la emoción y el compromiso de pelear hasta el último minuto por su país.
Y como no podía ser de otra manera, dado el espíritu combativo, su fuerza de voluntad y su trabajo... lo consiguió. La baja forma de Raúl en los último años debida a su generoso desgaste físico ha coincidido con los años de sequía de su equipo, por lo que todo el mundo le ha puesto en el centro de la diana, como culpable.
Durante los últimos años en su club se han ido fichando jugadores de élite para ocupar los lugares en los que él se desenvolvía y siempre ha sabido ganarse la confianza de los técnicos y se ha acoplado al lugar que le han asignado, pero cada vez le han ido situando mas lejos, del lugar donde él se encuentra a gusto... el área.
Siempre he defendido que Raúl no es un jugador diez en nada, pero que la suma de sus cualidades hace de él, el mejor jugador que España ha tenido. Y este reconocimiento es declarado por todos y cada uno de sus compañeros de profesión y por todos los técnicos españoles. Sin embargo, como en España pasamos de la euforia al desasosiego y de lo mejor a lo peor en cuestión de minutos, ahora hay una cruzada para "acabar" con Raúl. Ahora resulta que es un petardo, que no sirve para nada ... En un país donde subimos y bajamos ídolos a ritmo de nuestro estado de ánimo, se quiere a toda costa enterrar a Raúl.
Todos y cada uno de los jugadores que componen la selección son magníficos jugadores, independientemente de que mañana puedan hacer un buen o mal partido y merecen nuestro apoyo. Ni somos los mejores, ni somos los peores, tenemos un buen nivel. Pero hay que dar a cada uno lo suyo y España no está siendo justa con Raúl.
Sigue batiendo todos los records estadísticos, de goles, de partidos, de rentabilidad, aunque no atraviese su mejor momento y el que salga o no de titular no se puede plantear como una cuestión de Estado. Me parece una falta completa de respeto que se juzgue sólo y únicamente a Raúl, cuando tenemos un seleccionador nacional, con capacidad suficiente para decidir quien debe jugar y quien no. Un seleccionador que habla claro y directo y al que no le tiembla la mano ni la voz para llamar a las cosas por su nombre.
Este seleccionador ha decidido que Raúl debía formar parte de la selección, y esa decisión debe ser respetada y hemos de apoyar a Raúl, al igual que a los demás integrantes, para que cuando tenga su oportunidad de lo mejor de si mismo, como siempre ha hecho y ayude a España en el terreno de juego con sus cualidades.
Basta ya de machacar al mejor jugador que ha dado España, seamos respetuosos y animémosle en estos momentos de dificultad. España no es Raúl, España son todos los seleccionados, pero... Raúl siente a España como el que más y por lo demostrado en su trayectoria profesional...merece nuestro respeto.